Marketing Alimentario para PYMES de Alimentación y Bebidas.

Helado de boquerones en vinagre

Como cada año, con la llegada del verano y del calor, comienza la temporada de helados. Con un consumidor cada vez más exigente y un paladar más exquisito, los maestros heladeros buscan la forma de innovar y conseguir nuevos sabores que saquen de la monotonía del clásico fresa, vainilla y chocolate.

Como consumidora curiosa y ávida por probar sabores nuevos, hace unos días topé con esta vitrina y claro, había que probar.

Boquerones en vinagre

Helado de salmón ahumado, de morcilla, de pepino, de salmorejo, de tortilla, de boquerones en vinagre, de fabada, de mostaza, de gazpacho…. Todo un dilema para mí, porque nunca había probado helados de esos sabores.

Ante la tesitura de cuál elegir, los que más me llamaron la atención, porque quizás su aroma y sabor los veía más complejos de reproducir, fueron el de boquerones en vinagre y el de tortilla de patata.

Helado de boquerones en vinagre y tortilla.

Tomada la decisión, le dije a la dependienta qué quería. Quizás sabiendo que mi decisión era arriesgada, la chica me preguntó si primero quería probarlo, lo cual, me hizo dudar de mi elección. Lo consideré como un “¿estás segura? Anda… y pruébalo primero…”. Aunque, por otro lado, agradecía el gesto.

El caso es que firme en mi decisión y aun habiéndolo probado, tenía que profundizar más y analizar esos sabores con detenimiento.

Así que me llevé a casa una tarrina pequeña de helado de boquerones y otra de helado de tortilla.

A diferencia de lo que creía, ambos sabores están logrados, su sabor y aroma se corresponde perfectamente.

El helado de tortilla sabía y olía a tortilla. No me disgustó su sabor, pero como helado no me resulta refrescante. Quizás acompañarlo con una cerveza o algún snack de patata lo haría más llevadero. Esto puede ser a que tengo asociado “pincho de tortilla y caña” .Pero como helado así, sin más, acaba siendo pesado.

Y ahora es el turno del helado de boquerones. ¡Qué decir del helado de boquerones! Si bien el de tortilla no era refrescante o se me hacía tomarlo con una cerveza, por más vueltas que le doy, no encajo en qué momento ni con qué, se podría acompañar un helado de boquerones.  El sabor era 100% boquerones en vinagre y “fuertecitos”… Sabía de lo arriesgado de este sabor, pero por eso fue el elegido.

 

Miedo a probar.

Mientras esperaba mi turno en la heladería, muchos viandantes se paraban a mirar el expositor y, o bien les despertaban simpatía esos sabores, pero no se atrevían a probar, o bien expresaban un “qué asco”.

Cuando de pequeño te niegas a probar algo porque te produce asco y no te gusta, cuando ni siquiera lo has probado, tus padres te dicen, ¿Cómo sabes que no te gusta si no lo has probado? Pues ahora de adultos y ante este tipo de cosas, me planteo la misma pregunta. ¿por qué ha de producir asco una cosa que tiene buena presentación y ni siquiera se ha probado?.

Como ya comenté cuando hablé del helado de chicle, nos dejamos sugestionar y hay que romper esa barrera y probar cosas.

Siempre hay que arriesgarse a hacer cosas nuevas. Si aciertas, es una recompensa. Si te equivocas, es una lección.

Tecnóloga de alimentos especializada en marketing alimentario.


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